Ritmos, grooves y sabor

Al principio, solía cuantizar todo.

Cuando grababa alguna percusión en los pads de mi controlador (un viejo Axiom, ahora residente de un clóset oscuro) siempre la cuantizaba. Hasta me sabia el atajo para hacerlo rápidamente en Reason. Viejas épocas.

Afortunadamente, caí en cuenta de mi error: le estaba quitando todo mi groove a la interpretación. La estaba robotizando. Le estaba quitando la vida. 

Cuando un músico graba una interpretación, por más de que trate pegarse al metrónomo, la grabación va a quedar llena de sutiles variaciones de tiempo. Ese es el groove, el feelin’, el sabor. Y con la cantidad justa, un ritmo se vuelve mucho más interesante. Menos robótico y aburrido, menos organetero.

Claro, en géneros de música electrónica como house o techno, ciertos elementos de percusión nacieron para estar exactamente agarrados al tempo, pegados a la rejilla. El beat, por supuesto, es uno de ellos. Pero otros sonidos como palmas, snares y hit hats no necesariamente deben vivir pisando las líneas de la grid. Pueden rondar sus cercanías…

Ahí es donde vive el funk.

Esa es la clave. No cuantizar absolutamente todo. O por lo menos, no cuantizar todas las interpretaciones al 100%. He encontrado que un 88% o un 80% amarra la cosa, sin quitarle expresión. Esto se puede modificar entrando en los ajustes de cuantización: CMD + Shift + U.

Usar la groove pool de Live es otra buena alternativa, de la que voy a escribir en otra ocasión.